Sobre ateísmo

by Esteban

Soy ateo. Creo que desde siempre. Soy tan ateo que si, en el instante de morirme me doy cuenta de que hay una vida después de la muerte voy a estar tan sorprendido como decepcionado. Mi ateísmo es una cosa extraña, dado que en mi casa la religión tiene un lugar importantísimo. Durante muchos años fui, casi inevitablemente, todos los Domingos a misa. Y si, también fui monaguillo.

Sin embargo y a pesar de tener la maquina lavadora de cerebros llamada catolicismo trabajando 24 x 7 en mi contra a penas pude (lease: “junté el coraje”) dejé de asistir a servicios religiosos, dado que nunca creí. Recuerdo haber rezado, por ejemplo de noche, más por costumbre que por otra cosa hasta que tenía 5 o 6 años, pero después de eso toda mi relación con lo religioso paso a ser meramente pantomímica. Sigue siendo bastante así.

De cualquier manera nunca le dí mayor importancia al ateísmo, es algo que simplemente soy y no suelo hacer publicidad de ello a no ser que alguien me lo pregunte (en cuyo caso no tengo ningún problema o prurito en compartir mi punto de vista).

The God Delusion, portada de libro

Entonces de repente me encuentro leyendo “The God Delusion” de Dawkins. Gran parte del contenido es bastante obvia y poco interesante para alguien que ya es ateo asumido (de hecho el autor empieza el prologo diciendo que la intención es convertir agnósticos y religiosos leves en ateos), sin embargo hay un par de pasajes que me forzaron un poco a repensar mi posición con respecto a mi propio ateísmo y a la religiosidad de aquellos que me rodean. Son pensamientos que me llenan de conflictos. Me explayo.

Mi postura general siempre ha sido que dejo en paz a la gente con sus creencias religiosas a cambio de que me dejen en paz a mi en mi no creencia.

Más aun, con algunos miembros de mi familia tengo una postura un tanto hipócrita de no expresar abiertamente mi ateísmo para no herir susceptibilidades. Por ejemplo: mi hijo esta bautizado porque es imp0rtante para mi esposa -que sí sabe que soy ateo- y, en ese momento consideré que era egoísta de mi parte “negarle” una fe a mi hijo.

Pero ciertos pasajes del libro de Dawkins me hicieron re-evaluar esa postura. En particular el tema de la moral.

Moral y religión han estado atadas la una a la otra por muchísimo tiempo, sirviendo  los dogmas religiosos de compás que marcaba el norte del comportamiento recto de los hombres buenos. ¿Qué bien ha hecho y hace eso a la humanidad como un todo? Poco y nada. Guerras, persecuciones y otras atrocidades cometidas todas en nombre de dios. (Si, con minúscula.)

Podrá argumentarse que algún bien se ha hecho en nombre de la religión, lo cual es cierto, pero el sufrimiento supera ampliamente a las bendiciones.

Pero la mayor revelación (a falta de un término más apropiado) fue ver la religión como un engaño masivo y opresor. Bajo la promesa de una “mejor vida después de la muerte” se permite o se inflige una vida horrorosa a millares de personas.

Eso me lleva a rever mi postura de respeto hacia las ideologías religiosas (“¿Quién soy yo para meterme?“) a una más pro-desengaño (“bajo mi moralidad está mal ser permisivo con supersticiones nocivas“). Claro que tal cambio conlleva una cierta violencia, al fin y al cabo dudar de las creencias (religiosas y de las otras) implica cierta destrucción de un bagaje ideológico a favor de otro.

Me inclino cada vez más hacia la idea de que una humanidad libre de religiones sería más justa y sabia, pero actuar a favor de ello es complicado y conflictivo.