Persona

Desbocados excesos de verborragia y misceláneas

Sobre ateísmo

Soy ateo. Creo que desde siempre. Soy tan ateo que si, en el instante de morirme me doy cuenta de que hay una vida después de la muerte voy a estar tan sorprendido como decepcionado. Mi ateísmo es una cosa extraña, dado que en mi casa la religión tiene un lugar importantísimo. Durante muchos años fui, casi inevitablemente, todos los Domingos a misa. Y si, también fui monaguillo.

Sin embargo y a pesar de tener la maquina lavadora de cerebros llamada catolicismo trabajando 24 x 7 en mi contra a penas pude (lease: “junté el coraje”) dejé de asistir a servicios religiosos, dado que nunca creí. Recuerdo haber rezado, por ejemplo de noche, más por costumbre que por otra cosa hasta que tenía 5 o 6 años, pero después de eso toda mi relación con lo religioso paso a ser meramente pantomímica. Sigue siendo bastante así.

De cualquier manera nunca le dí mayor importancia al ateísmo, es algo que simplemente soy y no suelo hacer publicidad de ello a no ser que alguien me lo pregunte (en cuyo caso no tengo ningún problema o prurito en compartir mi punto de vista).

The God Delusion, portada de libro

Entonces de repente me encuentro leyendo “The God Delusion” de Dawkins. Gran parte del contenido es bastante obvia y poco interesante para alguien que ya es ateo asumido (de hecho el autor empieza el prologo diciendo que la intención es convertir agnósticos y religiosos leves en ateos), sin embargo hay un par de pasajes que me forzaron un poco a repensar mi posición con respecto a mi propio ateísmo y a la religiosidad de aquellos que me rodean. Son pensamientos que me llenan de conflictos. Me explayo.

Mi postura general siempre ha sido que dejo en paz a la gente con sus creencias religiosas a cambio de que me dejen en paz a mi en mi no creencia.

Más aun, con algunos miembros de mi familia tengo una postura un tanto hipócrita de no expresar abiertamente mi ateísmo para no herir susceptibilidades. Por ejemplo: mi hijo esta bautizado porque es imp0rtante para mi esposa -que sí sabe que soy ateo- y, en ese momento consideré que era egoísta de mi parte “negarle” una fe a mi hijo.

Pero ciertos pasajes del libro de Dawkins me hicieron re-evaluar esa postura. En particular el tema de la moral.

Moral y religión han estado atadas la una a la otra por muchísimo tiempo, sirviendo  los dogmas religiosos de compás que marcaba el norte del comportamiento recto de los hombres buenos. ¿Qué bien ha hecho y hace eso a la humanidad como un todo? Poco y nada. Guerras, persecuciones y otras atrocidades cometidas todas en nombre de dios. (Si, con minúscula.)

Podrá argumentarse que algún bien se ha hecho en nombre de la religión, lo cual es cierto, pero el sufrimiento supera ampliamente a las bendiciones.

Pero la mayor revelación (a falta de un término más apropiado) fue ver la religión como un engaño masivo y opresor. Bajo la promesa de una “mejor vida después de la muerte” se permite o se inflige una vida horrorosa a millares de personas.

Eso me lleva a rever mi postura de respeto hacia las ideologías religiosas (“¿Quién soy yo para meterme?“) a una más pro-desengaño (“bajo mi moralidad está mal ser permisivo con supersticiones nocivas“). Claro que tal cambio conlleva una cierta violencia, al fin y al cabo dudar de las creencias (religiosas y de las otras) implica cierta destrucción de un bagaje ideológico a favor de otro.

Me inclino cada vez más hacia la idea de que una humanidad libre de religiones sería más justa y sabia, pero actuar a favor de ello es complicado y conflictivo.

Eliminar las sociedades

Todo el mundo o conoce a alguien  o ha sido víctima de una estafa. Desde cosas menores tipo el cuento del tío hasta robos millonarios.

Detrás de una importante cantidad de tales hechos ilícitos se hallan no individuos aislados sino asociaciones de mal vivientes. Si queremos reducir el número de estafas hay que eliminar la opción de asociarse, legal o ilegalmente. Hay que prevenir de esa manera.

Es por ello que propongo que el congreso nacional sancione una ley que dictamine la prohibición definitiva de todo tipo de sociedades.

¿Exagerado?

Casi tanto como querer evitar los robos a manos de “motochorros” prohibiendo que las motos lleven un acompañante.

Es como si después del hundimiento del Titanic las navieras hubieran decidido que la solución era derretir todos los Icebergs del Atlántico Norte.

Menospreciar al televidente

Tengo varios vicios. Más de los que estoy dispuesto a admitir en público. Sin embargo puedo decir que la TV no es uno de ellos. Tal vez porque no tuve tele hasta bastante grande (y aun cuando llegó a casa la programación de Canal 6 de Bariloche era bastante acotada), tal vez porque siempre fui de leer libros, tal vez porque no me gusta el entretenimiento “dado en cuchara” en general. No se.

Sin embargo de vez en cuando me engancho con algo. Pasa muy raramente y, por lo general solo me dura un par de capítulos de lo que sea.

De repente me encontré pensando que desde Okupas no hay un solo programa de producción argentina que me haya llamado la atención lo suficiente como para decidir que iba a verlo de manera cuasi-religiosa. La retrospectiva nació después de intentar sobrevivir al capítulo inicial de “Malparida”.

[Interludio: Telenoche, otrora el noticiero más respetado de la TV Argentina se transformó en poco más que un infomercial para la nueva serie del canal. Bastante vergonzoso.]

En Argentina sobra talento. Hay (algunos) muy bueno guionistas, varios excelentes directores, una camada interesante de actores de entre 25 y 45 años. ¿Qué es lo que pasa entonces?

Los canales no saben arriesgarse. Asumen que saben que es lo que el público quiere (si, hay mucha gente que quere culos y tetas, pero también hay gente que quiere entretenerse de otras formas) y repiten fórmulas probadas de ¿éxito? hasta el hartazgo.

La novela costumbrista, el culebrón y alguna otra cosita más es casi todo lo que se ve en la TV desde hace demasiados años. Ha habido algún vago intento de policial (nunca negro) o programa de misterio, pero han sido escasos y pobres intentos; por lo general bienintencionados pero faltos de recursos de producción o buenos libretistas.

Los programadores de Televisión están absolutamente convencidos de que el público no puede seguir más que una muy simple y única línea argumentativa. Y se equivocan. Fulero.

La prueba está en la popularidad de los programas de chimentos de la tarde. Aquellos entendidos en la materia saben que las líneas de enredos en los que se embarca la pseudo-farándula vernácula tienen más vueltas que el capítulo más retorcido de Lost. Que tal andubo con ese otro, que este traicionó a aquel que estaba por firmar contrato con el de más allá… etcétera, etcétera…

Tales porquerías son consumidas a diario por varios millones de personas. Su calidad es pésima, su aporte a la cultura nulo. Entonces ¿Por qué querría alguien en su sano juicio usarlas como ejemplo? Por su complejidad. Hay tantas líneas de lectura, tantas cosas sucediendo al unísono en un chimento que es bastante llamativo cómo la gente los puede seguir.

¿No me creen? Preguntenle a cualquiera que vea tales cosas (sin ejemplos para no caer en un lugar común) que les explique cualquier situación. Van a perder la siguiente media hora escuchando una serie de líneas argumentativas completamente disimiles que convergen casi milagrosamente en el sujeto a explorar.

Volviendo a lo que disparó toda la disertación: Malparida. Los malos son obviamente malos, los buenos obviamente buenos (aunque disfrazados un poco de otras cosas), el argumento absolutamente lineal y predecible. Eso es lo que insulta la inteligencia de la teleaudiencia. Por cada nueva propuesta televisiva que cae en todos esos lugares comunes hay un gatito que se muere.

Humanidad en Reversa Vol. 1

Hace 5000 años los egipcios diseñaron y construyeron un enorme complejo cuya parte más reconocida son las pirámides de Giza. El complejo refleja varios puntos importantes del mapa astral, además de estar perfectamente alineado con el punto de la salida del Sol en el Solsticio de invierno, el norte real (no magnético) y un sinfin de otras características maravillosas.

En el 2010 los arquitectos y constructores de la casa que habito no lograron hacer que el agua derramada en el baño corra hacia las rejillas en lugar de hacia las paredes.

Principio de incertidumbre

Tener objetivos en la vida está muy bien. Ya desde bastante chico te machacan con la idea de que si sabés hasta donde querés llegar el camino va a estar trazado y otra sarta de frases típicas de libro de autoayuda.

Hay un cierto grado de verdad en eso, es innegable, pero me doy cuenta de que no es la forma en la que vivo mi vida (ni como me gustaría vivirla).

Si me preguntan hoy que es lo que voy a estar haciendo dentro de 6 meses o siquiera donde voy a estar en febrero del año que viene mi respuesta es simple: no tengo la menor idea.

Desde adolescente actuaba de esa manera. Y cuando no obedezco al principio de tener un cierto grado de azar en mi existencia como una constante suele ser para peor.

Cuando terminé el secundario mi idea era pasar un año “haciendo cosas” (indeterminadas, claro está) para después decidir que carrera seguir y demás decisiones de la vida adulta. Lamentablemente esto no encajaba bien con la visión de mi vida que algunos miembros de la familia tenían: asesora vocacional de por medio me encontré estudiando música.

No, no me arrepiento de esa decisión, pero estoy convencido que un año más tarde mis opciones hubieran sido bien distintas (en el idilio del universo paralelo perfecto hubieran sido mucho mejores).

Extrapolando al presente, uno creería que casado y con un hijo (+ otro en camino, ¡primicia mundial!) debería ser más consciente, maduro y responsable eliminando la mayor parte del azar que me sea posible. Al fin y al cabo eso es lo que hace la gente grande.

Pero no, acabo de cambiar una carrera en una corporación internacional por una oportunidad en un startup con poco más que una buena idea (que se está transformando en otra cosa, pero eso es harina de otro costal).

Claro está que no sugiero que el resto de la población comparta mi mismo grado de inconsciencia, no soy nadie para poder recomendar como las demás personas deben vivir su vida. De hecho ese es el punto de ésta entrada: todo el mundo tiene una opinión acerca de como organizar su existencia, solo hay que asegurarse de que sea una idea propia y no impuesta.

Algo más que Butter Cookies

Si digo “Dinamarca” lo más probable es que asocien ese país con cualquier cosa menos con buena música. La verdad es que, hasta hace no demasiado tiempo atrás, yo tampoco huiera creído que ese era el caso.

Pero resulta que lo es.

El primer indicio vino de la mano de Kashmir. Más específicamente de su album de 2005, No Balance Palace que es, en mi opinión, casí un disco de culto. No solo porque cuenta con las participaciones de gente como David BowieLou Reed, sinó porque se atreve a ser una pieza conceptual en la era del iTunes.

De principio a fin es un viaje que va a lugares oscuros, por momentos denso y que cuenta con tan solo un par de rayos de luz. Una muestra de un tema que, en el disco, tiene a Bowie, pero que en esta versión en vivo es solo con los miembros de la banda; The Cynic:

Kashmir acaba de anzar un nuevo disco, Trespassers luego de 5 años de silencio. Todavía tengo que digerir esta nueva pieza… una vez hecho eso daré mi veredicto.

La segunda revelación Danesa es WhoMadeWho, un trío fantástico que editó su tercer disco en 2009, y que sigue algo que parece ser un requisito para bandas Danesas / Nórdicas (ya hablaré de alguna banda de más al norte pronto): tener barba:

El video de “Keep me in my plane” demuestra un cinismo agudo solamente subrayado por la letra y exultado por lo minimalista de la instrumentación.

La verdad es que todos los discos son bastante interesantes, pero en la placa”the plot” han llegado a un nivel de simplificación, minimalismo y una sutileza de grabación que son realmente dignos de ser escuchados.

Ninguna de las dos bandas es facil de escuchar. Ambas requieren un cierto número de repeticiones para ser digeridas y absorbidas.

Mientras espero ver cual será la próxima banda de las butter cookies me va sorprender planeo ver si me doy una vuelta por Copenhaguen… parece que guarda muchas sorpresas agradables.

El problema de la yegua

El actual Gobierno Argentino me cae poco simpático. Le di el beneficio de la duda durante un tiempo. Durante cerca de 6 meses a un año me refrené de criticarlo en público y en privado. Una vez que se hizo obvio que eran más de lo mismo comenzé a criticar las cosas que no me gustaban, en particular:

  • La mentira sistematizada del INDEC (un estado no debe mentir [ni matar])
  • La polarización de las opiniones (o estas con nosotros o estas en contra nuestra)
  • El proteccionismo a dedo
  • El Amigismo

No hace falta alcarar demasiado acerca de ninguno de los puntos. Son de público conocimiento y han sido criticados por gente mucho mas ducha que yo.

Ha de notarse que ninguna de mis críticas tiene que ver con “políticas” sinó con “actitudes”. Hay dos razones para esto:

  1. El gobierno adolesce de políticas en general (se dedica a una toma de decisiones mas bien aleatoria)
  2. Las opiniones sobre políticas son como los culos: todo el mundo tiene una

Hay mucha otra gente que tiene sus opiniones negativas para con éste gobierno. El problema es la forma que toma la crítica. Cuando a Cristina se la llama “Yegua” lo que se está logrando es rebajarse a una posición en la que aunque el siguiente argumento sea infalible e inteligente ya se desvirtuó la crítica.

Uno puede creer que las actividades del gobierno son desastrosas, destructivas y cortoplacistsas. Pude criticar las sospechas de corrupción y de enriquecimiento ilícito. Puede considerar nefastas las prácticas de amiguismo, presión y coerción que se aplican sistemáticamente para retorcer el estado de derecho a la visión que mejor se ajusta a la realidad del matrimonio K.

Lo que uno, como crítico, no debe darse el lujo de hacer es caer en la tentación de el insulto, el agravio y la crítica ligera de manera pública. Porque eso destruye lo que hay de constructivo en cada crítica. Aún cuando la parte receptora parezca sorda a cualquier opinión que no sea la propia sabemos que nuestras palabras ya no se las lleva el viento (gracias al cache). No vaya a ser cosa de que nos avergoncemos de nuestros Tweets, opiniones o críticas en solo un par de años ¿no?

Inocencia I

Fue uno de esos momentos. La combinación exacta de cosas que redunda en un momento que podría llamar mágico (Si harry Potter no se hubiera encargado de destruir la palabra).

I can put my finger on it nowEl sol en en ángulo exacto como para que A. pudiera jugar a agarrar la luz. Completamente convencido de que eso es posible. Completamente ignorante de las leyes de la física.

Ojalá siga así por muchos años más.

La pregunta que no puedo dejar de hacerme desde que nació es: En qué momento perdemos la inocencia. Y más importante que el cuando es el porqué…

Lamentablemente creo que tarde o temprano eso lo voy a terminar descubriendo.

Declaración de Intención

Más de una vez me pasa que tengo cosas para escribir que no encajan en ninguno de mis otros blogs. La idea de persona es que pueda llenar ese espacio.

Hay promesas que no puedo hacer. No puedo decir que va a haber continuidad. Espero que si, pero la experiencia me dicta que no va a ser necesariamente de esa manera.

Puedo asegurar, eso si, que no va a haber ni grandes genialidades (tal vez si, si las cito) ni revelaciones, ni fuegos artificiales. Tampoco se van a hacer guiones de cine ni de TV a partir de lo que escriba.

Veremos que pasa.